El relato es totalmente real,
es corto y no es lo que suelo escribir, sinceramente espero vuestras opiniones
sobre él, pero tenía muchas ganas de escribirlo, fue algo que viví en primera
persona no hace mucho tiempo. Y Me pareció tan bonito, que quería compartirlo
con vosotros. Espero que os guste. Y desde aquí gracias a los amigos que me
dieron la oportunidad de ser partícipes de esta escena tan tierna, y como ya
les dije, mi más sincera enhorabuena.
Habían organizado una cena con
sus amigos más cercanos, para celebrar ese día tan especial, 25 años habían
pasado ya desde la primera vez que se vieron en la línea 33 de autobús de
Sevilla, fue lo que se llama en las películas y los libros un amor a primera
vista, la única diferencia es que ellos no estaban en una historia ficticia
sino que aquello era la vida real. Para
celebrarlo, iban a hacer una ceremonia de anillamiento, en la que estarían sus
amigos más cercanos y queridos.
Durante la cena, Paula se
encontraba bastante nerviosa, hacia aquello por el amor y la devoción que
sentía por Su Amo, pero aun así, no podía evitar sentirse así, sabía que Él
estaría a su lado durante toda la noche.
Después de la cena, y antes del
postre, se marchó a una salita con sus dos mejores amigas para prepararse,
mientras tanto, en la sala principal, colocaron la mesita auxiliar, y Juan
tomaba asiento en su trono particular. Cuando todo estaba listo, la estancia
estaba iluminada por velas, y aparecieron por la puerta dos sumisas abriendo
camino a Paula, quien iba cubierta por una caperuza negra que la tapaba prácticamente
entera. Llegó a los pies de Juan y se puso a sus pies, como a ella le gustaba
estar, entregándole la caja donde estaban guardados los anillos que en breves
momentos le serían puestos. Se la entregó, y le besó los pies, se sentía tan
bien así… Juan se levantó, le retiró la caperuza y le puso un collar y unas
muñequeras
que había encargado para ella por esa ocasión, se las puso, la cogió
de las manos y la ayudó a levantarse, la cogió por el pelo y la besó. Eso ayudó
a Paula a relajarse un poco, aunque las piernas le temblaban, la llevó a la
cruz de san Andrés que había anclada a la pared y la ató. Le dio un último beso
y se apartó, se hizo el silencio en toda la sala, Nuria, la amiga que haría el
anillamiento, pidió que encendieran la luz y comenzó. Juan se puso al lado de
Paula y la cogió de la mano, no se movió ni un centímetro de su lado en todo el
rato, sabía que lo estaba pasando mal, que aquello le estaba doliendo, y en su
rostro se apreciaba la empatía que sentía por ella, se podía ver que Él tampoco
lo pasaba bien en esas circunstancias.
Cuando Nuria acabó, de los
pezones de Paula colgaban unos preciosos aros de plata, Juan la soltó y la
sostuvo entre sus brazos para que no se callera, la besó y la abrazó, le
temblaba todo el cuerpo, estaba blanca, la llevó hasta su trono personal, se
sentó y la acurrucó entre sus brazos, como solía hacer en esos casos, cuando
ella estaba tan mal, de nuevo se hizo un gran silencio en la sala, todos los
acompañantes se miraron entre sí, hasta que el mejor amigo de Juan, y Amo de
Nuria empezó a aplaudir por el gran comportamiento que había tenido su amiga, y
todos le siguieron.
Después de esto, todos les dieron la enhorabuena, mientras que alguien llenaba unas copas con
champagne. La repartieron y antes de brindar, Juan dijo unas palabras para
todos, pero en especial para su sumisa.
-Gracias a todos por estar con
nosotros en este día tan especial para nosotros, por acompañarnos. Gracias a ti
Nuria, por hacer este esfuerzo, sé que lo has pasado mal, viendo a tu amiga
así, y sobre todo…- Dijo esto mirando directamente a los ojos a Paula y sonriendo.-
Gracias a ti pequeña, por esos momentos tan especiales que me has hecho vivir
durante todo este tiempo. - Los dos se miraron y sonrieron, brindaron, y Paula
contestó a las palabras que su Señor le había dedicado. Habían sido simples sí,
pero le habían llegado muy hondo.
-Gracias a Usted Mi Señor.


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