viernes, 14 de junio de 2013

La apuesta



A veces, hablando con alguien surge la idea de hacer una apuesta por cualquier tontería, esto es lo que me ha ocurrido a mí. Y no pensé en las consecuencias que tendría. Un consejo, si no estáis seguros de que podéis ganarla, no os arriesguéis… Puede pasar de todo.
De nuevo, recordaros que hay partes reales y partes de ficción en el relato, pero que, qué es cada cosa lo dejo a vuestra elección. Espero que os guste. Besitos muchos, sonrisas miles. 
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Habían salido a dar una vuelta, Paula ya sabía lo que le esperaba, habían hecho una apuesta, y ella la había perdido. En ese momento, cuando se enteró se arrepintió muchísimo de haber hecho aquello. Aceptar que si perdía le quitaría el tanga en mitad de la calle, en que estaba pensando en ese momento, no podía explicárselo. Pero ya no podía hacer nada. Le había dado su palabra y ahora la cumpliría, por Él.
Se había puesto un vestido ligero de gasa en color azul agua, cortito, por encima de la rodilla, y un conjunto de tanga y sujetador azul marino. Al salir de casa y subir en el ascensor Juan la apoyó contra la pared, le metió la mano por debajo del vestido, pensó ilusa de ella que se lo quitaría allí, y le ahorraría el mal trago. Pero no, no iba a tener esa suerte. El ascensor se paró dos plantas antes de llegar al sótano, se montó un señor mayor, así que Juan sacó la mano de debajo de su vestido. Saludó al hombre y Paula, muerta de vergüenza hizo lo mismo. Llegaron al garaje, y fueron en busca del coche. Juan le dijo que se sentase sin coger el vestido, directamente sobre las bragas. Subieron los dos y arrancó el coche. Salieron, durante el trayecto no hablaron, llegaron a un parking del centro, entraron aparcaron y bajaron del coche.
Se dirigieron a la calle, Juan cogió de la mano a su puta, en el fondo sabía que quería hacer aquello, por mucha vergüenza que le diese, pero quería hacerlo. Le apretó la mano para que le mirase y le dio un beso. Primero fueron a un bar a tomar un granizado. Se sentaron en una terraza, y de nuevo Juan la hizo sentarse levantándose el vestido, directamente para que notase el frío de la silla en el culo.
Después de un rato Juan decidió que era el momento, había menos gente en la calle, se puso de pie, fue a pagar y volvió a por Paula. Empezaron a pasear, Juan se estaba comportando como un adolescente salido, la paraba en cada esquina para besarla y tocarla por encima del vestido. La poca gente que pasaba por la calle en muchos casos se quedaba mirándolos. Pero ella prefería cerrar los ojos y no pensar, tenía que hacerlo. Pero que lo hiciera ya, y dejase de torturarla de esa manera pensaba ella.
Cuando llegaron a la mitad de la avenida, la paró en mitad de la calle, empezó a besarla, como había hecho varias veces antes. Y de nuevo Paula cerró los ojos, y pudo sentir las manos de su Amo subiendo por sus piernas, estaba en completa tensión, notaba su corazón latir a mil por hora. En realidad estaba muy excitada, podía notar como su coño se iba mojando. Se acercó a su oído y enterró su cabeza en el cuello de Juan, para evitar que la gente que pasase notase sus gemidos. Hubo un momento en el que entreabrió los ojos y vio que una pareja pasaba por la acera de enfrente, pero no miraron, quizá nadie les estuviese mirando. Prefería no saberlo. Pero de repente…

Juan sacó las manos de debajo del vestido, la volvió a coger por la mano y la llevó a una boca calle. Aquí seguía pasando gente pero muchísima menos, se cruzaron de acera porque en la otra pasaba menos gente. La volvió a apoyar contra la pared, subió las manos por su vestido y agarró el tanga con sus dedos. Lo deslizó hacia abajo, y de nuevo Paula se vio obligada a enterrar la cabeza en su cuello para que nadie oyese sus gemidos, pero Juan si los podía oír con mucha nitidez y le encantaba. Dio un tirón hacia abajo del tanga y lo dejó por las rodillas. Se apartó un poco de ella, le dio un beso se agachó y se lo terminó de sacar. Lo recogió del suelo y con el hecho una pelota en la mano se lo enseñó con una sonrisa en la cara. Luego se lo metió en el bolsillo, la besó y la llevó a tomar algo para que se relajase, se lo había ganado, había sido tan puta como Él quería y sabía que lo había hecho solo por y para Él.
Esa noche la dejaría que se corriese se lo había ganado.


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