Se arrepentirá de haber pedido que cambiase de técnica, o por el contrario lo que su Amo le haga ahora le gustará más... Habrá que leerlo ¿no? Espero que os guste.
De nuevo hay partes reales y partes ficticias, vosotros decidís qué es que...
Quizás se arrepintiese de a verle dicho que
parase con los hielos, pero tenía demasiado frío, y estaba algo molesta, el
hielo de su coño era bastante molesto, más de lo Él podía imaginar. Antes de
seguir con el juego, el hizo algo, que ella le agradeció muchísimo, era algo
que le gustaba mucho, te tumbó a su lado, la abrazó, sin quitarle la venda,
pero la abrazó, comenzó a recorrer su piel con la yema de sus dedos, despacio
casi rozando, de vez en cuando paraba para abrazarla, le gustaba mucho sentirle
cerca, muy cerca, no quería que se separase de ella.
Cuando la abrazaba, podía notar su polla dura
dándole en la pierna, podía notar la calidez de su aliento en el cuello, sus
suaves besos en la boca, bajando lentamente hacia el cuello, notaba como su
corazón palpitaba, en un momento dado, cuando sus dedos estaban pellizcando sus
pezones, casi retorciéndolos… de repente paró, los soltó, les dio un beso para
aliviarlos seguidos de un mordisco para que no se le olvidase quien mandaba.
Notó como de nuevo se alejaba de ella, ya no
le notaba tan cerca, pero esta separación apenas duró unos segundos, enseguida
volvió a sentirle a su lado, la seguía acariciando, pero esta vez no eran sus
dedos los que lo hacían, esta vez su cuerpo estaba mucho más sensible, este
instrumento, que al parecer era bastante inofensivo para ella suponía una
autentica tortura, se lo estaba pasando por las piernas, cuando sintió la
respiración de Él muy cerca de su oído, y de pronto le susurró al oído.
-Nena, me encantas, pero hagamos este juego más
divertido,
Cogió su pezón derecho y lo tiró
hacia arriba, ella soltó un gritó, tenía los pezones bastante insensibles, pero
eso la hacía daño. Cuando lo tuvo bien estirado, el colocó una pinza de madera,
hacían presión pero mucho menos que las de plástico, cuando hubo acabado con
ese pezón fue a por el otro y realizó la misma maniobra. Cuando las dos pinzas
estaban colocadas en su sitio, comenzó a mover el instrumento de tortura por
todo su cuerpo, empezó por la planta de los pies, ahí no le hizo muchas
cosquillas, fue subiendo por sus pantorrillas, la parte interior de los muslos,
la pasó por su coño, y subió por la barriga se deslizó hacia sus costados, lo
cual provocó que ella no pudiese pararse quieta, ahí tenia demasiadas
cosquillas, fue deslizándose hacia arriba y moviéndose al centro .Lo pasó por
las tetas, cuando lo estaba pasando ahí, comenzó a mover las pinzas, lo cual
hizo que ella comenzara a protestar bajito. Pero eso no impidió que Él siguiese
con su tortura, siguió subiendo, por la garganta y moviendo las pinzas, lo pasó
por todo el cuello, por su boca, por la nariz, de modo que consiguió una escena
muy graciosa, ya que al no parar de mover las pinzas ella estaba gimiendo y a
la vez estornudó, esto le hizo mucha gracia, así que quiso repetirlo, cuando se
cansó de hacerla cosquillas, ya que ese recorrido en sentido inverso lo hizo
varias veces más, soltó lo que fuese ese maldito instrumento de tortura, aunque
si las cosquillas le habían molestado, eso no había hecho más que empezar, ahora
era el turno de sus tetas, cogió las pinzas por los extremos, pero solo por un lado y
comenzó a tirar de ellas, ella gritó, era como si le fuesen a arrancar las
tetas, pensó que se las llevaría con las pinzas, cuando consiguió arrancarlas,
le dio un breve masaje para que la sangre volviese toda a su sitio y el dolor
se le aliviara un poco. Pero cuando se hubo aplacado volvió a ponerlas y a
arrancarlas, ella no podía parar de gritar, le dolía, era un dolor soportable y
además placentero, notaba como su coño se mojaba, como su clítoris palpitaba de
excitación. Algunas veces al quitarlas, en lugar de masajearlas con las manos,
lo hacía con la boca, las chupaba y mordía un poco, eso era algo más doloroso,
pero le gustaba, llegó un momento en que ya no podía aguantarlo más, Él lo
notó, su forma de gritar, su expresión ya no era la misma que antes, en esta
ocasión, abrió las pinzas y las quitó con mucha delicadeza, cuando fue a
tocarla, sus manos estaban mojadas y muy frías, no sabía cómo lo había hecho, pero
la verdad no le importaba le aliviaba eso. En su interior, daba saltos, brincos
y volteretas de alegría, Él había sabido cuando parar, no se lo había tenido
que decir ella.

Cuando notó que estaba más tranquila, comenzó
a besarla, esta vez el primer sitio fue el pecho, le hizo como una segunda piel
de saliva; siguió subiendo hasta su boca, se recostó a su lado, mientras que
seguía besándola, de vez en cuando, se apartaba de ella, para que fuese a
buscar el beso que tanto ansiaba, pero ella no lo pensaba dos veces, en seguida
levantaba la cabeza, y aunque sin ver buscaba su boca, le encantaba que la
besara. Después de un rato besándola y acariciándola, volvió a su oído, para
susurrarle que ahora venía una parte que a ella le iba a gustar mucho.
Primero notó como se levantaba de la cama,
¿entró al baño? Eso es lo que le pareció a ella al menos, escuchó ruidos por la
habitación como si estuviese moviendo cosas, estaba algo tensa, no podía ver lo
que estaba haciendo, no sabía que era lo que la iba a hacer ahora, eso la ponía
muy nerviosa. De pronto oyó su voz, estaba un poco alejada, le decía que ahora
la iba a ayudar a colocarse, que le soltaría las manos, con la condición que
prometiese estarse quieta, lo único que ella consiguió decir, a pesar de sus muchas
dudas fue un simple.
-Sí Amo
Sabía
que estaba cerca de ella, lo había notado por la voz, notó las manos de Él en
las suyas para soltar la cuerda, cuando la retiró se masajeó un poco las
muñecas para que la sangre volviera a correr por donde debía, pero Él le separó
las manos, quería hacer eso Él mismo, empezó con una muñeca, cuando ella le
indicó que ya estaba bien, pasó a la otra. Al acabar con eso, la cogió por los
hombros, y la ayudó a ponerse boca abajo, la indicó que sus manos las debía
poner debajo de su cuerpo.
Cuando
estaba colocada, preguntó si estaba cómoda, ella asintió con la cabeza, y Él la
beso en la nunca, fue bajando por su espalda, mientras que le metía la mano por
el coño, estaba tan mojado, sabía que ella quería correrse, pero aún le quedaba
un rato bastante grande para que eso ocurriese. Paraba de vez en cuando para
evitar el orgasmo, notaba como se ponía tensa cuando hacia eso, lo odiaba y Él
lo sabía, pero no protestó ni dijo nada. Después de cortarle en lo más
interesante un par de veces, se sentó a horcajadas sobre sus piernas, eso
impediría que por la sorpresa las subiese y le diese una patada. Pasó la pluma
por la columna de ella, pero esa no era su sorpresa, al llegar casi al final,
ella soltó un pequeño gemidito, algo le había caído en la espalda, al
principio, entre los hombros, e iba bajando hacia abajo, era cera…Cuando le
llegaba a la piel estaba prácticamente sólida, de modo que le dijo que podía
bajar para echarla, Él le hizo caso y bajó un poco más la vela para que cayese
más cerca de su piel. Volvió a hacer el recorrido vertical de su espalda a un
lado de la línea que antes había dibujado. Cuando llegó al principio, preguntó
si podía seguir bajando, ella le dijo que sí, e hizo otra línea en su preciosa
piel. Él siguió bajando la vela a una distancia prudencial cada vez que acababa
una línea. Al quedarse sin sitio para hacerle líneas verticales, estaba casi a
cinco centímetros de la piel, no quería hacerle daño, no podía hacerle daño,
era el punto más importante de su contrato y los dos lo sabían. La expresión de
ella era de placer, pero aun así prefirió preguntarle, quieres que sigua, ella
le dijo que sí, pero que no bajase más. Cuando acabó con su espalda tenía una
especie de dibujo abstracto en toda su espalda, le gustaba como había quedado,
había usado varias velas de distintos colores, y así se lo hizo saber a ella:
“preciosa, tu piel y tu cuerpo es un lienzo precioso…” Ella solo contesto con
una sonrisa.
Quizás se arrepintiese de a verle dicho que
parase con los hielos, pero tenía demasiado frío, y estaba algo molesta, el
hielo de su coño era bastante molesto, más de lo Él podía imaginar. Antes de
seguir con el juego, el hizo algo, que ella le agradeció muchísimo, era algo
que le gustaba mucho, te tumbó a su lado, la abrazó, sin quitarle la venda,
pero la abrazó, comenzó a recorrer su piel con la yema de sus dedos, despacio
casi rozando, de vez en cuando paraba para abrazarla, le gustaba mucho sentirle
cerca, muy cerca, no quería que se separase de ella.
Cuando la abrazaba, podía notar su polla dura
dándole en la pierna, podía notar la calidez de su aliento en el cuello, sus
suaves besos en la boca, bajando lentamente hacia el cuello, notaba como su
corazón palpitaba, en un momento dado, cuando sus dedos estaban pellizcando sus
pezones, casi retorciéndolos… de repente paró, los soltó, les dio un beso para
aliviarlos seguidos de un mordisco para que no se le olvidase quien mandaba.
Notó como de nuevo se alejaba de ella, ya no
le notaba tan cerca, pero esta separación apenas duró unos segundos, enseguida
volvió a sentirle a su lado, la seguía acariciando, pero esta vez no eran sus
dedos los que lo hacían, esta vez su cuerpo estaba mucho más sensible, este
instrumento, que al parecer era bastante inofensivo para ella suponía una
autentica tortura, se lo estaba pasando por las piernas, cuando sintió la
respiración de Él muy cerca de su oído, y de pronto le susurró al oído.
-Nena, me encantas, pero hagamos este juego más
divertido,
Cogió su pezón derecho y lo tiró
hacia arriba, ella soltó un gritó, tenía los pezones bastante insensibles, pero
eso la hacía daño. Cuando lo tuvo bien estirado, el colocó una pinza de madera,
hacían presión pero mucho menos que las de plástico, cuando hubo acabado con
ese pezón fue a por el otro y realizó la misma maniobra. Cuando las dos pinzas
estaban colocadas en su sitio, comenzó a mover el instrumento de tortura por
todo su cuerpo, empezó por la planta de los pies, ahí no le hizo muchas
cosquillas, fue subiendo por sus pantorrillas, la parte interior de los muslos,
la pasó por su coño, y subió por la barriga se deslizó hacia sus costados, lo
cual provocó que ella no pudiese pararse quieta, ahí tenia demasiadas
cosquillas, fue deslizándose hacia arriba y moviéndose al centro .Lo pasó por
las tetas, cuando lo estaba pasando ahí, comenzó a mover las pinzas, lo cual
hizo que ella comenzara a protestar bajito. Pero eso no impidió que Él siguiese
con su tortura, siguió subiendo, por la garganta y moviendo las pinzas, lo pasó
por todo el cuello, por su boca, por la nariz, de modo que consiguió una escena
muy graciosa, ya que al no parar de mover las pinzas ella estaba gimiendo y a
la vez estornudó, esto le hizo mucha gracia, así que quiso repetirlo, cuando se
cansó de hacerla cosquillas, ya que ese recorrido en sentido inverso lo hizo
varias veces más, soltó lo que fuese ese maldito instrumento de tortura, aunque
si las cosquillas le habían molestado, eso no había hecho más que empezar, ahora
era el turno de sus tetas, cogió las pinzas por los extremos, pero solo por un lado y
comenzó a tirar de ellas, ella gritó, era como si le fuesen a arrancar las
tetas, pensó que se las llevaría con las pinzas, cuando consiguió arrancarlas,
le dio un breve masaje para que la sangre volviese toda a su sitio y el dolor
se le aliviara un poco. Pero cuando se hubo aplacado volvió a ponerlas y a
arrancarlas, ella no podía parar de gritar, le dolía, era un dolor soportable y
además placentero, notaba como su coño se mojaba, como su clítoris palpitaba de
excitación. Algunas veces al quitarlas, en lugar de masajearlas con las manos,
lo hacía con la boca, las chupaba y mordía un poco, eso era algo más doloroso,
pero le gustaba, llegó un momento en que ya no podía aguantarlo más, Él lo
notó, su forma de gritar, su expresión ya no era la misma que antes, en esta
ocasión, abrió las pinzas y las quitó con mucha delicadeza, cuando fue a
tocarla, sus manos estaban mojadas y muy frías, no sabía cómo lo había hecho, pero
la verdad no le importaba le aliviaba eso. En su interior, daba saltos, brincos
y volteretas de alegría, Él había sabido cuando parar, no se lo había tenido
que decir ella.

Cuando notó que estaba más tranquila, comenzó
a besarla, esta vez el primer sitio fue el pecho, le hizo como una segunda piel
de saliva; siguió subiendo hasta su boca, se recostó a su lado, mientras que
seguía besándola, de vez en cuando, se apartaba de ella, para que fuese a
buscar el beso que tanto ansiaba, pero ella no lo pensaba dos veces, en seguida
levantaba la cabeza, y aunque sin ver buscaba su boca, le encantaba que la
besara. Después de un rato besándola y acariciándola, volvió a su oído, para
susurrarle que ahora venía una parte que a ella le iba a gustar mucho.
Primero notó como se levantaba de la cama,
¿entró al baño? Eso es lo que le pareció a ella al menos, escuchó ruidos por la
habitación como si estuviese moviendo cosas, estaba algo tensa, no podía ver lo
que estaba haciendo, no sabía que era lo que la iba a hacer ahora, eso la ponía
muy nerviosa. De pronto oyó su voz, estaba un poco alejada, le decía que ahora
la iba a ayudar a colocarse, que le soltaría las manos, con la condición que
prometiese estarse quieta, lo único que ella consiguió decir, a pesar de sus muchas
dudas fue un simple.
-Sí Amo
Sabía
que estaba cerca de ella, lo había notado por la voz, notó las manos de Él en
las suyas para soltar la cuerda, cuando la retiró se masajeó un poco las
muñecas para que la sangre volviera a correr por donde debía, pero Él le separó
las manos, quería hacer eso Él mismo, empezó con una muñeca, cuando ella le
indicó que ya estaba bien, pasó a la otra. Al acabar con eso, la cogió por los
hombros, y la ayudó a ponerse boca abajo, la indicó que sus manos las debía
poner debajo de su cuerpo.
Cuando
estaba colocada, preguntó si estaba cómoda, ella asintió con la cabeza, y Él la
beso en la nunca, fue bajando por su espalda, mientras que le metía la mano por
el coño, estaba tan mojado, sabía que ella quería correrse, pero aún le quedaba
un rato bastante grande para que eso ocurriese. Paraba de vez en cuando para
evitar el orgasmo, notaba como se ponía tensa cuando hacia eso, lo odiaba y Él
lo sabía, pero no protestó ni dijo nada. Después de cortarle en lo más
interesante un par de veces, se sentó a horcajadas sobre sus piernas, eso
impediría que por la sorpresa las subiese y le diese una patada. Pasó la pluma
por la columna de ella, pero esa no era su sorpresa, al llegar casi al final,
ella soltó un pequeño gemidito, algo le había caído en la espalda, al
principio, entre los hombros, e iba bajando hacia abajo, era cera…Cuando le
llegaba a la piel estaba prácticamente sólida, de modo que le dijo que podía
bajar para echarla, Él le hizo caso y bajó un poco más la vela para que cayese
más cerca de su piel. Volvió a hacer el recorrido vertical de su espalda a un
lado de la línea que antes había dibujado. Cuando llegó al principio, preguntó
si podía seguir bajando, ella le dijo que sí, e hizo otra línea en su preciosa
piel. Él siguió bajando la vela a una distancia prudencial cada vez que acababa
una línea. Al quedarse sin sitio para hacerle líneas verticales, estaba casi a
cinco centímetros de la piel, no quería hacerle daño, no podía hacerle daño,
era el punto más importante de su contrato y los dos lo sabían. La expresión de
ella era de placer, pero aun así prefirió preguntarle, quieres que sigua, ella
le dijo que sí, pero que no bajase más. Cuando acabó con su espalda tenía una
especie de dibujo abstracto en toda su espalda, le gustaba como había quedado,
había usado varias velas de distintos colores, y así se lo hizo saber a ella:
“preciosa, tu piel y tu cuerpo es un lienzo precioso…” Ella solo contesto con
una sonrisa.
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